HISTORIAS DE PALACIO EN CONFINAMIENTO

CAPÍTULO I. Despertar en Palacio Tondón

De repente, la bella dama despertó entre sábanas blancas desconocidas. Tardó unos minutos en levantarse de la cama y en darse cuenta de que no era el mismo lugar en el que rezó desesperadamente por su vida la noche anterior…

La habitación era de madera, brillaba el sol y tenía ventanas acristaladas a su alcance, todo lo que podía cubrir con la mirada, que dejaban entrever viñedos y montañas… Había un río que pasaba susurrando, con la mera intención de calmar sus pensamientos, sin interferir en ellos. Todo le sonaba vagamente, pero nunca había estado en este lugar.

Había una cosa extraña en medio, con forma hexagonal, que tenía unos artilugios de acero que ella jamás había visto antes y se puso a investigarlo con miedo y curiosidad, descubriendo estupefacta que de ahí salía agua. Como si de lluvia del cielo se tratara, la damisela mojó su vestido largo hasta que consiguió salir. Al lado de lo que más tarde descubriría que es la ducha hexagonal de un hotel de lujo del siglo XXI, la dama de tez pálida descubrió un espejo grande. Se sorprendió tanto al verse, que tardó unos segundos en reconocer su rostro. El corpiño de terciopelo verde la asfixiaba.

Todo le parecía espectacular, pero le costaba creer que no era un sueño. Sus ropajes no cuadraban con los tonos cálidos y sencillos de la habitación, con el diseño tan moderno y al salir a lo que descubrió como un balcón, escuchó las campanadas de la Iglesia de enfrente. Mediodía.

¿Dónde estaba?

¿Dónde estaban todos?

¿Cómo se había escapado de su torre y del verdugo que esperaba su cuello fino ese mismo mediodía?

Hotel Palacio Tondon, Habitación Deluxe.

 (Continuará…)