HISTORIAS DE PALACIO EN CONFINAMIENTO

CAPÍTULO 2. La terraza

Tímidamente, salió de la habitación y bajó todas las escaleras hasta que se encontró en una especie de habitación grande, acristalada, con dos sofás, un piano, una biblioteca y una decoración sencilla, pero llena de tonos vivos. Mirando el paisaje, vio nuevamente el río que pasaba por allí y los viñedos enfrente.

“Qué curioso y qué ingenioso”, pensó, “pues los mismos colores de la naturaleza están aquí dentro reflejados.”

Salón del Palacio Tondón

Salió y descubrió una terraza enorme, cubierta por una carpa que le fascinó. “Qué techo más extraño y vulnerable”, se decía para sí misma, sin mucha confianza en que esa estructura, al lucir tan bonita, pudiera ser a la vez fuerte. De repente, dio un salto al ver un busto blanco. Le pareció que conocía a esa señora o que, por lo menos, iba más acorde con ella.

“¿Dónde estoy?”, se preguntaba sin cesar. Se quedó contemplando el edificio al lado de ese inesperado busto. Dos partes de piedra, una más pequeña que parecía más antigua y otra imponente, con arcos grandes. Toda esa piedra de arenisca le resultaba más familiar que todo lo demás.

La torre de madera, pegada a las dos partes de piedra, le parecía tan inusual y curiosa… Era bonita, chocante, de una actualidad rabiosa. ¿Pero de qué actualidad? No se parecía en nada a su torre, donde llevaba encerrada varias semanas, esperando a que acaben con su destino.

  Terraza del Palacio Tondón, a orillas del Ebro

Cómo podía saber la damisela, todavía anonadada por haber conservado su vida y por haber acabado en este extraño lugar, que se encontraba en Palacio Tondón, a orillas del Ebro, en un pequeño pueblo de La Rioja llamado Briñas, precisamente en un edificio de su época, pero acompañado de esa bonita y sostenible madera contralaminada que constituía su nuevo hogar.

Cómo podía saber que estaba en un recién inaugurado hotel, un puente entre siglos, entre el suyo y este…

 

 (Continuará…)