HISTORIAS DE PALACIO EN CONFINAMIENTO

CAPÍTULO 4. Habitación Junior Suite.

Volvió a despertarse en un lugar extraño. La cabeza le dolía y se notaba débil. Estaba tendida sobre la cama más grande que había visto jamás, en una habitación de piedra, con mucho espacio, un salón de recibida y un vestidor a mano derecha.

Hizo el esfuerzo de levantarse. También, podía ver la terraza, el Ebro y los viñedos desde aquí. Se sentía mucho más cómoda rodeada de la piedra de arenisca.

Alguien tocó la puerta. Era una chica joven, vestida de negro, con el cabello recogido arriba, que traía una infusión y algo caliente para comer.

“¿Cómo se encuentra, señora?”

“¿Dónde estoy de nuevo? Solo recuerdo caerme al suelo en un sitio con arcos y mesas llenas de gente.”

“Estaba usted en nuestro restaurante, hablando con el anfitrión. De repente, se desmayó y la hemos subido aquí, para descansar. Está en nuestra habitación junior suite, la más grande del hotel. ¿Le gusta?”

Hotel Palacio Tondon, Junior Suite

“Mucho más que cualquier otra que haya visto en esta vida… O en otra pasada, que ya ni sé. Escuche, yo solo recuerdo que ese señor me dijo que estábamos en el siglo XXI. Eso no puede ser. Yo nací en 1507 en una preciosa aldea francesa, aunque en realidad yo sea inglesa.”

“Señora, no sabemos nada sobre usted. Ni siquiera su nombre. No sabemos si es que ha sufrido un golpe en la cabeza, pero estamos en el año 2020, en el norte de España. El médico está de camino para examinarla. Tiene mejor color ahora, pero por favor, coma algo y beba el té con miel. Tranquilícese, sea lo que sea, lo solucionaremos.”

“O están ustedes locos o estoy loca yo. Tal como lo veo, solo existen esas dos posibilidades.”

“Bueno, el médico lo aclarará y no se preocupe, que haremos todo lo que esté en nuestras manos para que se vuelva a encontrar bien. No está sola, así que hasta que descubramos de dónde es y dónde está su familia, quédese tranquila.”

De repente, la extraña inglesa se echó las manos a la cara y empezó a llorar desconsolada.

“Ya debería estar muerta, ¡esto es una maldición o un castigo divino!”

La chica se asustó al verla así y de repente, sintió una compasión tremenda por aquella pobre mujer, que parecía joven, pero quizás envejecida de forma prematura. “Es una pena que las personas pierdan la cabeza”, pensó.

“Mire, yo estaré a su lado, le prometo que no me separaré de usted en ningún momento. Y no sé por qué razón habla tanto de la muerte, si es usted una mujer joven y bella, con toda la vida por delante.”

“Le diré quién soy. Yo soy reina. Bueno, era reina. Ya no sé si los últimos meses de mi vida fueron reales o no, si seguía en el trono o no. Llevaba un confinamiento largo, encerrada en una torre, esperando mi último día. La sentencia ya se había pronunciado.

“¿Qué es un confinamiento?”

“Una pena a la que estaba condenada, encerrada en una torre.”

“No me imagino algo así a día de hoy. Va a resultar que es cierto lo que dice y habrá viajado en el tiempo. O es que me cae usted bien y estoy empezando a seguirle el juego.”

“Ay, qué cosa tan horrenda en el tocador. Es un espejo muy extraño y apenas se ve nada.”

“Esto no es el tocador, es la mesa soporte de la televisión. Eso que dice que es un espejo es una tele.”

“¿Una tele?”

Cada vez más estupefactas las dos, cada una por sus motivos, se sumergían en una conversación que fue interrumpida de repente por la llegada del médico.

 

(Continuará…)